Los Oasis de Egipto

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Ficha Técnica

Título: Los Oasis de Egipto
Autor: Esteva, Jordi
ISBN: 978-84-7782-346-9
Editorial: Lunwerg
Idiomas: Castellano
Nº Páginas: 139

 

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Unos años atrás viajé a Egipto y me establecí en El Cairo. Quería vivir en el corazón del mundo árabe y aunque no tenía un proyecto concreto en mente, presentía que tarde o temprano surgiría un tema que me iba a apasionar. Entre tanto, desempeñé todo tipo de trabajos, aprendí el árabe coloquial, descubrí la ciudad y algunos de sus secretos. De pronto los acontecimientos se precipitaron.

Todo empezó a raíz de una exposición de fotografía, que colgué en “L’Atelier du Caire” sobre los derviches de Omdurmann, cuando el escritor Mohammed Seif, interesado por el trabajo, me invitó a acompañarle al desierto. Su padre era oriundo de Mut en el oasis de Dajla, lo que nos abrió las puertas de una población hospitalaria aunque reservada.

Aquel primer contacto me impactó de tal modo que el poco tiempo previsto en Egipto se convirtió en cinco años. Cierto, el desierto no era espectacular como el Teneré, los hombres no eran azules ni se tocaban con vistosos turbantes, las mujeres no lucían collares de ámbar ni complicadas joyas, los poblados resultaban casuchas de adobe comparados con las orgullosas ciudades del desierto, Jaisalmer en el Thar o Shibam en el Yemen. Y sin embargo, sentí una atracción por los oasis de Egipto como antes no había sentido por otro lugar.

Una tarde dorada en Siwa, el Oasis de los amonitas, creí viajar en el tiempo. Emergiendo por encima del palmeral, el templo del Oráculo de Amón destacaba sobre una roca. Abajo, entre los vergeles, los zaggalah tocados con burdas túnicas, que imaginaba parecidas a las de los campesinos romanos, regresaban a toda la velocidad que permitían sus carretas, compitiendo peligrosamente por los caminos de arena, levantando nubes de polvo, bordeando el lago de sal cristalizada que parecía, entonces, un espejo de fuego.

Paseamos por vergeles frondosos, vimos cavar pozos con métodos tradicionales, extraer el agua con norias tiradas por bueyes, luchar contra las dunas que invadían un poblado sepultando la mezquita. Nos sorprendió la presencia constante de la historia, los templos faraónicos semienterrados, las necrópolis romanas, las murallas de las ciudadelas islámicas. Dormimos en pueblos de barro sacados de un cuento, recorrimos callejuelas de textura orgánica a punto casi de palpitar. Asistimos a ceremonias de trance, a una circuncisión, presenciamos una sesión de tatuaje combinado con la antigua medicina del desierto…