Nacional.Cat Jordi Esteva, el escritor nómada que se marchó para no volver nunca más

"Son unas memorias, una autobiografía, pero no he querido hablar de mi vida, he querido hablar de todo aquello que provocó que quisiera tener este impulso de huir de un mundo gris e ingrato, de la familia y la religión. Una sociedad que me tenía atrapado. Yo quería huir de todo eso, marcharme muy lejos para encontrarme a mí mismo. Es de eso de que he querido hablar en el libro. Y por eso este título de El impulso nómada", confesa Jordi Esteva.

 

La literatura y el periodismo de viajes es aquella fuente de relatos que nos traslada a parajes de resonancia exótica y lejana sin tener que levantar los ojos del papel (o la pantalla). Autor de incunables como Los oasis de EgiptoLos árabes del mar o Socotra, la isla de los genios, el escritor, fotógrafo y director de documentales Jordi Esteva es uno de los grandes referentes del género en nuestra casa. A sus 70 años, este viajero incontinente ha trazado su fascinante relato vital en este El impulso nómada. Unas memorias huidizas que tienen su punto de salida en una infancia marcada por los inviernos grises en escuelas opresoras franquistas y veranos de bucólicos en el Figaró y el Empordà y alcanzan su cenit cuando, en los años del hippismo, la experimentación con las drogas, la eclosión del rock'n'roll (cuándo este era sinónimo de rebeldía) y, homosexual en una era en que la comunidad gay era perseguida y reprimida, las primeras muestras de liberación sexual; su protagonista emprende rutas iniciáticas por la India, Afganistán o Marruecos. Esteva acabará descubriendo su paraíso particular en el Egipto de los faraones. Un sueño que se transforma en pesadilla aquella noche en Mut cuando, poco después de conseguir la que dice que es la mejor foto de su vida: una tormenta de arena cerca de Dahla, tres esbirros de la policía egipcia irrumpen en su habitación y lo detienen. Cerrado en una prisión de alta seguridad del Cairo, lo acusan de espía. Decían que Esteva, pacifista confeso, se dedicaba a enseñar kárate (sic) en células subversivas contra el régimen. más de 70 años los gastos funerarios desorbitados

 

"Eran hechos que me obsesionaban", explica Esteva sobre las experiencias que alimentan las páginas de su autobiografía. "Recuerdos de infancia e imágenes, porque yo pienso mucho en imágenes. Vivencias sobre las cuales reflexionaba desde hacía mucho tiempo: una escuela muy represiva, el descubrimiento de una sexualidad no aceptada en aquella época... Todo eso ya lo había trabajado mucho mentalmente e, incluso tiempo atrás, ya había escrito, pero eran cosas muy dispersas. Fue a partir de encontrarme con el título, este El impulso nómada, con todo lo que implica, que el relato tomó sentido". También es un relato de personas. De los amigos y amigas que han marcado la vida de Jordi Esteva. "Siempre he necesitado a esta familia que nos fabricamos. A mi vida ha habido una serie de personas que han sido fundamentales para acabar construyendo lo que he acabado siendo yo como persona”.

 

Jordi Esteva descubrió de bien pequeño que había otros rincones del mundo en los que se vivía de una forma "mucho más amplia que la España franquista de los años sesenta": el desierto, el ártico, las estepas de Mongolia... Lugares, cuanto más lejanos mejor, que conoció a través de los mapas y los atlas. Eso y las películas que se proyectaban en verano, en la fiesta mayor del pueblo donde iba de veraneo con su familia: SimbadEl ladrón de BagdadTarzán... "Todo eso era lo que me hacía soñar. Me sentía diferente de los compañeros de escuela. Era un niño tímido a quien no gustaban los deportes. A mí me gustaban los animales, la geografía y la lectura, sobre todo las novelas de aventuras. Me gustaban mucho las historias de Guillermo Brown, supongo que porque era un niño rebelde. Lo mismo que Tom Sawyer y Huckleberry Finn”.

 

Más impactante todavía fue la irrupción del rock. Ya de adolescente empezó a escuchar artistas como Bob Dylan, Rolling Stones, The Doors, The Byrds... Grupos que transmitían un mensaje de rebeldía contra el sistema. "La mía fue una generación que no quería cambiar el mundo a la manera ortodoxa del comunismo, sino que pretendía un cambio desde el yo interior. Un deseo de querer distanciarse de la sociedad en que las drogas, en esta fase incipiente en que desconocemos que podían ser muy peligrosas, tuvieron un papel muy importante. Yo rompí con todo, me distancié de mi familia, abandoné los estudios a cuarto de Económicas y me marché a la India a ver qué pasaba”.

 

Los recuerdos se idealizan con el paso del tiempo y Jordi Estevaconfiesa que a él lo que, justamente, le interesa es cómo la memoria deforma la realidad sin traicionarla. Un ejercicio de escritura cubista con que ha modelado El impulso nómada. "A menudo, de un mismo suceso, las personas que lo vivieron acaban guardando recuerdos diferentes. Me gusta utilizar los recuerdos y la memoria como material literario sobre el cual construir otra realidad". Otra realidad que no es mentira, simplemente es diferente. Y aunque ha sido una experiencia placentera, el redactado de sus memorias, también ha sido una experiencia dolorosa en algunos momentos. "He tenido que recuperar y revivir vivencias que en su momento fueron muy traumáticas”

 

Dice el tópico que viajando uno se descubre a sí mismo. Jordi Esteva se suma a esta corriente teórica reafirmando que a él es el viaje que le interesa: el viaje iniciático, que es aquel que te cambia. El viaje del cual vuelves diferente de cómo te marchaste. "Recuerdo un viaje a Socotra, iba ascendiendo una montaña y, en el otro extremo, iba descendiendo en mi interior”.

 

No sé si la vida tiene algún sentido. Tenemos que vivir el momento, sin caer en la libidinosidad más vacía y sin ser extremadamente trascendentales. Llegado a los 70 años, el relato de mi recorrido vital quizás puede servir a la gente joven que, aunque en una sociedad muy diferente, pueden sentirse atrapados cm me sentía yo. Tan de bono alguien me hubiera dicho cuando yo era joven que ser gay era un hecho absolutamente normal y del cual nos teníamos que sentir orgullosos.

Aceptar su sexualidad fue un proceso que fue creciendo en paralelo a sus primeros viajes. Unos primeros viajes, descubre Esteva, que hizo con cinco amigos, uno de ellos también homosexual. "Pero vivíamos tan reprimidos que ni nosotros nos lo habíamos explicado. Nosotros mismos éramos nuestros censores. Éramos nuestros principales enemigos. Todo cambió cuando llegué a Egipto, una sociedad en que todo es posible, pero en secreto. Una relación entre dos hombres que dure en el tiempo es impensable, tienen que ser relaciones esporádicas, que además son muy frecuentes".

La fascinación de Jordi Esteva por el mundo árabe nace en el momento en qué de niño empieza a sentir esta pulsión por huir y buscar lugares diferentes. El mundo árabe estaba lejos, pero a la vez, muy próximo. Pasaba los veranos con su familia en el Empordà y recorriendo aquel mar hacia el sur llegaba a Argelia. "De la misma manera que me fascinaba la herencia en nuestro país de la cultura de al-Ándalus. Aquellas palmeras, aquellos camellos... Todo aquello me resultaba exótico y misterioso. Y me decía que un día creería el mar y llegaría a El Cairo, la ciudad que más me fascinaba". Lo hizo.

Mut, este fue el principio del final de su sueño. Allí Jordi Esteva era feliz. Trabajaba haciendo fotos, por fin se había hecho realidad el mundo que siempre había soñado. Pero una madrugada entraron unos sicarios de la policía egipcia y lo 'detuvieron'. Lo trasladaron a El Cairo. Estaba aterrado porque no sabía por qué lo habían detenido ni de qué se le acusaba. "Tenía miedo de acabar, como muchos otros, en el Nilo. Pero me llevaron al Ministerio del Interior, donde tengo que decir que no me tocaron. Me acusaban de espionaje y me encarcelaron". No haremos spoilers, en las páginas de El impuslo nómada descubriréis cómo acabó la historia.

Décadas después, acariciando la última etapa de su viaje vital, Jordi Esteva ya no siente aquella desazón que lo devoraba cuando no estaba recorriendo mundo. Quizás es que ya ha encontrado su casa. "¿Mi casa? Barcelona seguro que no es. Mi casa está donde tengo mi pareja, mis libros y mis animales: mi perra y mis gatos. Ahora hace años que vivimos en un pueblecito del Empordà. Pero no tengo el sentimiento de pertenecer a un lugar. Como decía Goytisolo: las personas no somos árboles, no tenemos raíces, podemos caminar".